Lucinda tiene un sueño recurrente: se cae y sus dientes son quebrados y mantenidos en el interior de su boca. A veces terminan mordidos por ella misma; a veces los traga; otras veces los escupe; otras veces los mastica tanto que se vuelven una pasta que ella jura poder sentir en la vida real. La duda es la misma… ¿qué significa aquel irritante y poco plácido sueño?
Al despertar solo está extrañada. Tanta repetición algo debe significar… pero ¿qué? Al comentarlo con algunos conocidos, le decían que muchas veces perder un diente significaba perder un familiar, pero ella no perdía uno: en sus sueños terminaba con la boca llena de dientes, nadando en un bebedizo de saliva que no sabía dónde iba a terminar. Dependía del contexto del sueño; esto era lo único que no paraba de variar.
En una oportunidad, su sueño empezó con ella en su baño, después de sentirse purificada por una humeante ducha. Mientras el vapor empañaba el espejo, ella, con un paño blanco, limpiaba y observaba su reflejo. Su piel se veía limpia y su cabello contenido y adornado de un delicado perfume. Siguiendo su costumbre, colocó en su rostro una crema para preparar su piel para el embellecimiento a cargo de brochas con delicados polvos coloreados. Se sentía y veía fresca, a excepción de su boca; Su boca contrastaba con el vapor cálido: nada que una cepillada no rectifique, pensó.
—Si bien el sueño era repetitivo, Lucinda jamás lo podía controlar o reflexionar en él—
Antes de introducir el cepillo en su boca, Lucinda mecánicamente tomó una muela entre sus dedos y jaló. La muela, sin ofrecer resistencia, abandonó la encía. Lo más extraño del asunto era la sensación de libertad que sintió al liberarse de la enorme muela, por lo que prosiguió. Pocas ofrecían resistencia, y las que se resistían lo hacían solo para generar una sensación de indescriptible satisfacción al ser desprendidas de raíz de la encía. Al poco tiempo, las muelas ya no estaban… y, viéndose al espejo, Lucinda reflexionó.
Reflexionar es estirarlo demasiado, Lucinda no podía pensar, era una máquina de accionar, intentaba pensar, pero sus dedos acariciaban sus dientes frontales, apretándolos contra la encía, sintiendo ese conocido palpitar, llegó a una conclusión permisiva, aquellos dientes no le pertenecían, su propio cuerpo los rechazaba Pero se detenía de seguir con los frontales… ante el miedo de un aspecto que la aislara aún más, de cómo ocultarlo, del costo de las próstesis… en fin, su reflexión solo orbitaba en torno a su vanidad, y así el sueño terminaba.
Ella despertaba extrañada…
En otra madrugada la Joven dama soñó que mientras subía la escalera de su edificio, perdía un escalón y su pie resbalaba por las escaleras haciendo que sus dientes frontales chocaran con el borde del escalón, éstos cual vidrio, se quebraban y llenaban su boca, la mujer no los escupía, o los tragaba, los mantenía, y así con un terrible sentir se despertaba nuevamente extrañada.
¿Estará algún familiar por morir? – pensaba, pero esto no pasaba.
Pasados los años, el sueño se fue dispersando en el olvidadizo cerebro de una noche de descanso, Lucinda solo se dejaba dormir, disfrutaba del descanso, sí soñaba lo disfrutaba y descartaba aquello al despertar, ahora su vida era más activa y caótica, otras cosas ocupaban espacio en sus adentrados enseres.
La vanidad tomó un decidido papel en la rutina de la joven chica, a mayor aprobación mayor era su estima, mayor estima más seguridad en sí misma, con aquello lograba desenvolverse con soltura y confianza, lo cual arrojaba su buena mano de oportunidades.
Lucinda era poseedora de una belleza particular, una pequeña distancia en sus dientes frontales le daban un aspecto memorable, sus labios también predominaban, el superior considerablemente más grueso que el inferior, bien relleno y con un delineado notorio, parecía esconder a su hermano bajo un fuerte abrazo; Al sonreír era como una cortina de teatro dando la introducción a la enigmática obra, sin embargo Lucinda controlaba su sonrisa, sabía que tenia una muy singular risa, también era subconsciente de sus pequeños y achinados ojos, que ante la liberación de una buena y genuina carcajada se perdían en una delicada línea donde se escondía su pupila.
“una belleza singular“
De ésta forma muchas mujeres la clasificaban, y Lucinda tenia la manía de dar un enfoque negativo a los sagaces comentarios, por los que se miraba por horas al espejo, estudiando su aspecto y la mejor combinación de colores para camuflar lo que veía como desfavorable.
Bien podía ser dura con su imagen, pero las mujeres pueden ser despiadadas entre ellas; Existe un lenguaje codificado en el marco de lo amigable entre las víboras más insanas, irónicamente son éstas las más respetadas y con aparente éxito, sus labios mencionarían entre halagos algún comentario que sus miradas señalarían como sarcasmo, y los comentarios o consejos eran solo datos para escalar en el bando, sí, las mujeres tienen bandos, y pueden jugar entre ellos, de hecho se espera hacerlo, pero, al igual que la víbora se debe hacer con mente fría y estratégica, siempre adulando e incrementando el ego de las múltiples abejas reinas. Las demás con cautela se deben destruir por medio del odio a ellas mismas, por tal se le dice a las que batallan con su peso, que les quedan bien los kilos menos, que hacen ver sus ojos más grandes, naturalmente cosas que son una batalla y con resultados que están fuera del verdadero alcance, de tal forma tras bambalinas las fuerzas se agoten y la autodestrucción arranque.
Lucinda, sufría de éstos comentarios de manera constante, ella deseaba ser de plastilina y sentirse cómoda en su propia piel, pero esto parecía un unicornio resistiéndose a ser capturado, ante la frustración deseaba gobernar su área de trabajo. Lucinda era oficinista, pero por más que se esforzaba pasaba desapercibida; Muchas veces llegaba a su pequeño departamento, se encerraba en el baño, miraba al espejo y se quebraba en llanto, luego se reponía y disponía a darse un largo baño, siempre muy caliente, el agua desprendía vapor que empañaba el baño entero y ella absorta mirando al suelo, dejaba que el agua se desplazara por su espalda…
Umm… ¿qué tiene aquella larga ducha caliente que le era tan indescriptivamente satisfactorio?, más aún después de desahogar su frustración por medio de su quebranto de cuclillas en el baño, luego de haber inspeccionado su rostro, de haber desvalorizado su belleza deseando ser similar a las ficticias imágenes de mujeres patrocinadas por la fantasía y sexualización, se cuestionaba constantemente; Sí ella conocía bien que aquel deseo era autodestructivo, la desvalorizaba y reducía a un simple y decorativo objeto…
¿Por qué deseaba tanto serlo?
¿Por qué buscar una aprobación que… realmente no la favorecía… vamos, acaso le importaba?
Creería que no, pero, entonces por qué se detestaba tanto por ser…ella, objetivamente ¿qué tenía de malo?, su respuesta siempre era la misma, Nada, no había nada malo o inaceptable en su estética, pero… era tan diferente el trato cuando “encajaba”… ésas víboras podían hacerla incluso sentir aceptada, y era envíciante el sentimiento, lograban que dudara de sus malos comentarios, pensando que eran solo producto de mujeres con el poder de la seguridad bajo sus manos, pero aquello era como una semilla que repercutía en su pensamiento, diseccionando cada oración, verbo y complemento, pensando de aquello lo peor, llevándolo a pecho, tomando el peor propósito para el intrincado comentario, su mente divagaba y crecía en envidias e inseguridades; Pero siendo ella la que se sentía aludida, oprimida y pérdida por un simple comentario, era solo lógico que de aquello no se pudiera hacer justicia.
¿Qué diría?
Que por un simple comentario decidía que tipo de ropa usar, que por un chiste ridículo y sin sentido se privaba de alimentarse hasta desfallecer, obsesionada por el número de la escala, estresada por cada palabra, con miedo de ser vista sin maquillaje y desarreglada en la calle. Ella sola se oprimía con sus propios pensamientos deseando encajar con personas que la verdad no conocía, pero admiraba por el éxito que parecían poseer.
Solo ella era responsable del infierno que la azotaba por dentro, una vergüenza se apoderaba de ella ante aquella realidad, era mejor distraerse con otras cosas, ser más… funcional en el trabajo, Lucinda quería ser su mejor versión, un galardón en su trabajo por una capacidad que superara a los demás y por su belleza admirada, rodeada por todo aquel que se topara con ella. Todo lejos de la realidad. Un imposible, pero la fantasía de la posibilidad le ofrecía refugio.
De un día a otro la rutina cambió, por fuerzas que estaban fuera de su control, la pobreza y necesidad arribaron, la aislaron, desnudaron… con sus pantalones desgastados resbalándose de sus caderas, un pensamiento que le dio consuelo la asustó… se sentía contenta por su esquelética apariencia, con prisa fue a su cuarto y se pesó, al fin había descendido de los 50 kg, muy internamente deseaba que la situación continuara, de esa forma podría tener la figura que deseaba bajo una nueva meta, Los 45kg… Tras sonreír a esta posibilidad la realidad de su situación la desestabilizó, no físicamente como ya estaba acostumbrada, sino mentalmente…
Estaba increíblemente vacía
su motor era su destrucción y ante la materialización de esto… ¿Ella siente contentamiento? De esta forma, Lucinda entendió lo mucho que se odiaba, aunque no entiende la razón de aquel sentimiento en ella, ¿Cómo fue pasado por alto?…
Los años pasaron y su recuperación era esporádica, una acumulación de “días negros” la acorralaban y caía con fuerza, se privaba de alimento, se miraba despectivamente al espejo, competía sin razón con sus compañeros, alejaba a los que parecían sinceros o poseían algo de valor, y se cercaba con personas tóxicas que agudizaban su autodestrucción, luego, tocaba fondo y procuraba hacer “borrón y cuenta nueva”, No tenía un real progreso más bien era un viaje de autoconocimiento, con cada experiencia conocía un poco más del odio que sentía por dentro. Con las relaciones tóxicas, entró más violencia, su daño la llevó a flagelar su piel, sus relaciones amorosas eran buscando un verdugo que agudice sus gemidos; La inclusión de sustancias no se hizo esperar, su única prioridad era mantener una buena fachada, aquella suciedad era para ser escondida y llevada en privado, una competencia consigo misma por los vicios que la destruyen, por el pensamiento que la corroe, una mente determinada para superarse en su búsqueda de destrucción, pero, ante los demás se debía resaltar la delicada figura, la determinación por la conquista de sus metas profesionales, la gran sociabilidad por la que era conocía y los “ascensos”, que fue acumulando en poco tiempo.
Lucinda se consumió, se destruyó, una y otra vez.
lo hizo con un mínimo de incentivo
lo hizo todo bajo su propio cargo
y lo hizo por un nada absoluto.
La vaciedad en ella llegó a un punto que parecía absurdo para la propia mujer, su venta era rutinaria y no le interesaba obtener de ello nada, su aspecto era amarillento, pestilente su personalidad, su enfermedad era visible y a pocos interesaba, cada uno tenía una vida a la que dedicar atención, Lucinda igual poco afecto generaba; Nuevamente la pobreza la golpeó, la soledad la acompañó y la sinceridad ya no se podía ocultar.
“Muerta estoy, -se dijo-, y siempre lo he estado”.
¿Qué hacer cuando se llega a tal punto?, desde su punto de vista poseía solo dos opciones, sanar – al parecer imposible, ¿cómo un muerto se da vida así mismo? – y morir, acelerar lo que sus entrañas empecinadas desde su juventud han deseado de una manera humillante y deshonesta, su destrucción, pero con la variante de darse a sí misma una pizca de dignidad, hacerlo más rápido y en privado.
El suicidio era una opción, a este punto, liberadora, pero el miedo de lo desconocido la aquejaba,mentira, la petrificaba… era una batalla despiadada la que libraba día tras día, donde ganaba la humillación con ella como cautiva, tal parecía su odio a sí misma era tan consumidor, que la pizca de dignidad que buscaba debía ser arrebatada con valentía ante su pesada cobardía, pero sus fuerzas… nada ofrecían, solo mantenerla lo suficientemente viva para que pueda ahondar en sus ahora, muy activos pensamientos;Un día murió en el medio de un sueño, y algo extraño pasó.
Era su sueño de dientes número 13
Se veía a sí misma dormir, viendo como su respiración era suave, casi imperceptible, los vellos de su bigote eran predominantes, más que los más delgados que cubrían el resto de su cuerpo, y ella solo se detenía a inspeccionar a detalle su desmejorada apariencia… su piel palidecida a punto de ser inerte
sin flujo sanguíneo, sin el palpitar de un corazón con anhelo por vivir, con su cabello quebradizo y sin brillo y con feos pedazos calvos y, justo en ése momento se enfureció ante la enorme sonrisa de aquella Lucinda que en poco moría.
La furia enardeció consumiendo sus venas, y apretando el puño se dio cuenta del martillo que sostenía con fuerza, sin pensar se dedicó a golpear con toda su fuerza los dientes de aquella Lucinda dormida, esto hasta pulverizar aquella sonrisa, hasta machacar tanto la carne que tomó con sus dedos los dientes y los envolvió en una tela de lino con un blanco que jamás había visto, en calma, se dedicó a pulverizar cada diente encontrado hasta volverlo polvo…
Un polvo en extremo fino
Ése mismo polvo lo enterró y de inmediato en aquel sitio una hermosa planta floreció. El hambre la despertó, y mientras comía reflexionó de su vida, encontrando en aquella experiencia la liberación que tan famélica la tenía, era una nueva oportunidad y de ésta no dejaría ni una miga.