No hay quien escape, todos pasan por aquella guillotina.
La madre siente el palpitar de la preocupación por su cuerpo, el corazón golpea con tanta fuerza que lágrimas se forman en la pálida línea del lagrimal ante la falta de parpadeo, la madre sigue con su mirada al motivo de su preocupación, su joven pollita corretea tras otros animales que podrían lastimarla con un solo soplido buscando en ellos un buen amigo.
La madre reconoce que aquel hostil lugar oprime a los puros de corazón, la amistad es usada como un arma más que un ungüento a la necesidad de conexión… y amor, su polluela es incauta y su energía la lleva como el viento a conocer el desértico lugar que llaman hogar.
Hay rayos de esperanza.
Pequeños rayos de esperanza, un corderito de lo más lindo la besa y protege de los duros y frenéticos juegos del resto de los animales, el corderito está fascinado con su pelaje dorado, sus pequeñas alitas y sus grandes e inocentes ojitos cafés, el corderito de por sí es de una ternura mayúscula, pero hasta el con sus pequeñas patitas cae rendido ante la diminuta existencia de la pollita de los anhelos de aquella acechadora mamá gallina.
Pero, no todos los animales eran tan benevolentes y mansos ante el amor, el hostil lugar acunaba a fieros gatos, astutos zorros y traicioneros chacales que si bien malos, todos estos seguían superficialmente las reglas del gran gobierno, por lo que se les permitía estar con las ovejas, los inocentes cachorros y… las temerosas gallinas.
Las reglas eran simples, paz y prosperidad debía ser forjada en aquella ciudad, los animales debían trabajar por su sustento y el de los demás, mientras mejor el desempeño mayor comodidad, y todos sin excepción debían respetar y cuidarse entre sí; Pero, todo esto no funcionaba de verdad, algunos animales fingían alegría y dicha, otros, amistad y amor para acercarse y manipular, algunos animales eran menos discretos al caer la noche, y se escondían en las sombras esperando algún incauto para clavarle los dientes. El día a día era impredecible, los mismos seres que firmaron aquellas leyes eran depredadores de todos los animales, pero, afirmaban que se habían “rehabilitado” de su instinto violento y lo tenían gobernado con autodeterminación y voluntad, bajo este discurso alegaban la necesidad de una unión en fuerza para la correcta manera de vivir de todos en la misma tierra.
“¡Ay!, el temor se pasea por mis venas, no deseo que sufra el cortante filo de la guillotina por su cuello” - piensa la mamá.
Si bien las leyes eran amenas en papel, la realidad golpeaba diferente, los astutos depredadores no tenían otra cosa mas que dicha ante la conquista de victimas sin romper las múltiples leyes que limitaban la vida de los animales, aunque muchos otros… no poseedores de tal paciencia y alma para el juego, preferían cazar a los débiles animales en el acobijo de la oscuridad… sin embargo, lo peor era la guillotina.
La guillotina, instrumento afilado e inmisericorde usado, patentado y originado por los mismos animales, las fábulas lo toman como una herramienta de orden, la realidad es que es un tubo de escape para la frustración, miseria y maldad que tal hostil lugar produce en las criaturas que respiran su aire. No había ni un solo animal alejado del acceso de la guillotina, pues ésta si bien existía como el máximo castigo de justicia en aquel lugar, una extraña magia gobernaba el instrumento, poseyendo a los animales y transformando sus pasos, era tal el poder que vacas terminaban maullando para encajar con maliciosos gatos, alacranes y serpientes lograban persuadir en acciones a los conglomerados pueblos de venados, era como si la magia de la guillotina gobernara el corazón de los animales, pues todos sentían “ése” deseo… ya sabes, el de ser acepto, recibido y aprobado por todos los animales del hostil lugar. Por esto mismo podías ver al cachorro de león jugando con los hijos de la cebra, y eras sentenciado fuertemente sí veías con recelo el desarrollo de tal amistad; Pero el final siempre era igual, la cebrita que se codeaba con leones jamás llegaba a la adultez, en alguna salida algún trágico accidente tomaba lugar, y prontamente la cebrita era olvidada, y el sistema se mantenía sin mayor cambio.
“Dios del cielo protege a mi pollita de aquel amargo designio probar” - ora su madre en su interior mientras ve a la pollita buscar con quién jugar.
Aquí otra cruel realidad, si el lema de “paz y seguridad” eran reinantes en aquel hostil lugar, su fruto real era una hipócrita esclavitud, puede parecer extraño pues los animales parecen libres de caminar por aquella gran ciudad, pero la necesidad de tener un amo les significaba la vida o la guillotina en realidad, de no conseguirlo en comida se convertirán y, de conseguirlo la necesidad es la de no perderlo, pues el amo puede finalizar la relación con cualquiera de ellos en cualquier momento sin titubear.
Una competencia insalubre camuflada de amabilidad se filtraba en los animales presas de la iniquidad, pues aquellos amos no tenían un gran compromiso a decir verdad al tener a animales bajo su cargo, no tenían que tenerlos en sus casas, ni darles alimentos, solo ofrecían unas lindas y brillantes escamas de “sirena” ( decían que su valor radicaba en lo difícil de obtenerlas), y con éstas disponían de la libertad para acceder a todo lo que quisieran; El gran gobierno solo estructuraba como necesario que los animales fueran inspeccionados cada tanto por un veterinario para garantizar la correcta ejecución de la gran ley. Pero, los animales sufrían y se corrompían por el hostil lugar y sus intrincadas leyes, los amos eran quisquillosos y en una triste mayoría malos, la mamá gallina rara vez pasaba el año con un amo, pues siempre sucedía algo, si la cosecha se echaba a perder, debía redistribuir las escamas para los toros y las vacas que permitían por su fuerza y producción mantener granjas enteras, las gallinas siempre revoloteaban de aquí para allá buscando un buen amo que las apreciará de verdad.
Las gallinas eran particulares animales, ponían necesitados huevos, pero también las codornices… y para los acaudalados los huevos de avestruz desestabilizaban la necesidad de gallinas ponedoras, no solo esto, sino que las gallinas cacareaban sin parar, lo cual era molesto para muchos en la ciudad, y nuestra mamá gallina, ponía pocos huevos de los cuales una sola pollita acompañaba su caminar.
El lugar era hostil, tenebroso a decir verdad, pero un fenómeno extraño ocurría en aquel lugar, al menos para nuestra protagonista, el maíz no se hacía desear y excavando en la tierra jugosos gusanos a su pico fácilmente se hacían llegar, por lo que ambas alimentadas siempre parecían estar; Pero esto en secreto, pues era contra las leyes usar la tierra como les pareciera a los animales correcto, al gran gobierno siempre debían preguntar, de preguntar la respuesta era un gran “NO”, acompañado claro por algún intrincado justificado que mostraba como el libre ejercicio de andar, podía atentar contra las normas de la “paz y prosperidad”.
Lejano igual al punto, el lugar se conoce por su hostil andar, pero, el corazón de aquella madre solo se paralizaba por las amistades que su pollita buscaba consolidar, la madre le pedía al Dios del cielo que un ternero, oveja o el cachorro de un perro fueran sus elecciones para una gran amistad…
Hoy escogió un hermoso corderito, llevan toda la tarde jugando, ¿pero… mañana que animal será?
Esta incertidumbre es la semilla de la locura para las delicadas gallinas, por su genética lastimosamente son presa fácil de la ansiedad, de aquí que muchas “ pierdan la cabeza”, el proceso es muy paulatino y está camuflado por la razón, pero el resultado siempre es una gallina loca que se vuelve tan loca como descuidada, ganándose a más de un enemigo que con mucha facilidad va a derivar la locura del animal a la patrulla de supervisión fronteriza, ya que al momento de la gallina perder su cabeza, la locura toma posesión bajo la idea de alcanzar la libertad… huyendo de la ciudad hacia el desierto que circunda la ciudad.
Se dice, que las gallinas que lograron escapar al desierto explotaron junto a sus polluelos cocidas por el inclemente sol, alimentando con su rostizada y tierna carne a bestias de mítico y terrorífico calibre, Nuestra preocupada madre está en un nivel que la atemoriza, ya que ya no encuentra descabellada la idea, es más, piensa que el miedo es usado como herramienta de control, que quizás aquel desierto es una verdadera posibilidad de libertad…
Pero, ¿cómo arriesgarse con su pequeña?
Sí la patrulla si quiera llegase a sospechar de algún plan de huida, la llevarían a la guillotina, y a su polluela… ¿quién la cuidaría?, ése pensamiento la aterraba muchísimo más, paralizaba sus fantasías de libertad, pero tercamente el deseo volvía en cada jugueteo que tenia la pequeña con animales que podían despedazarle.
Esta dinámica en la gallina se volvió rutinaria hasta el día en que su polluela decidida perseguía a un osezno, el gran osito era tosco y claramente no tenía interés benigno en el juego, pero la preocupada madre fijaba su vista en supervisión del tacto con su polluela, quien incauta y bajo el hechizo de la inocencia veía en todo un juego y una invitación a conocer maravillas sin igual, el osezno y sus amigos, una leoparda, un león que completamente ignoraba por insignificante a la pollita y una hiena…
El oso se sentía incomodado por la indeseada atención, pero su amiga la hiena… despedazaba con la mirada a la pequeña, el hecho de que la madre de la pollita la estuviera supervisando solo le divertía más, el macabro animal se carcajeaba mirando a la preocupada gallina que ahogaba su respirar, la hiena invitaba a la pollita a correr por todo el lugar, diciéndole cosas que su madre no podía descifrar.
“¡Pequeña es hora de irnos a caminar por un espléndido lugar!” – decía su madre acabando el recreo, sintiendo el palpitar estruendoso de su corazón en el pecho.
“¡NO! Yo quiero jugar” – dice la pollita huyendo de su palidecida mamá.
La gallina ofrece casi en desespero, en modo de negociación lo posible para alejar a la pollita del área de recreo, consiguiéndolo bajo amenazas de ella sola abandonar el lugar, la pollita asustada toma el ala de su mamá y caminando se despide de sus nuevas amistades con sinceridad y una ternura sin igual.
Una larga platica se repite entre la madre y la pollita, pero por su corta edad le es imposible comprender lo que su madre desesperadamente necesita que comprenda ya, pero la atención de la pollita no se puede contener ni por tres pestañeos hasta que ella olvide todo y se fije en algo nuevo, la gallina, nuestra gallina, es entonces cuando pierde la cabeza, pero a diferencia de muchas otras, toma la decisión de irse en ése preciso momento de aquella ciudad pues en la noche las patrullas tienden a ser mucho mas densas y sincronizadas, nadie sospecharía de dos gallinas y de su bajo intelecto, burlando la seguridad militar que circunda la gran ciudad.
“Dios del cielo, llévanos a un lugar lejos de este vil engaño que llaman libertad, guía el paso y sí debo ser de alimento… confiaré en tu cuidado con mi pollita.” - ora la gallina mientras guía a su pollita por la frontera de la ciudad.
La gallina inventó un juego que divirtió tremendamente a la pollita, si el viento soplaba hacia una dirección, ellas debían dejarse llevar abriendo sus alas y alivianando el caminar, cerrar los ojos y no parar su andar, en el momento en que el viento dejara de soplar debían caminar rápido en linea recta y en dirección al desierto, lo importante está en hacerlo sin mucho pensar, solo… debían dejarse llevar.
De ésta forma y con los rayos del sol cubriendo su andar, nadie vio que las aves abandonaron la ciudad, de poco a nada ya las aves se encontraron con amplias dunas, arenas en las que sus patas se hundían y a la distancia, una gran cueva que prometía no estar sola en su interior.
La arena era caliente y un misterio, ya que muchas serpientes hacen de la arena un segundo hogar, la cueva era la única elección pues la luna ocupaba el mando en los cielos y, con la pollita deseando el descanso se volvía a inquietar nuestra preocupada gallina, de repente y sutilmente le pareció escuchar… la macabra risa de la hiena que la hizo huir de la ciudad pero… no podía detectar el lugar de origen, por aquello dudaba sí estaba en su cabeza o muy lejana la hiena pudiese estar, de una u otra forma se debían esconder ya.
Parecía que la arena se alimentaba de sus esperanzas debilitando su paso pero ha aquella cueva al fin pudieron llegar, era oscura en un absoluto y fría en su interior, la pollita estaba tan agotada que de inmediato se durmió, la gallina también estaba en extremo agotada pero … un sonido en el interior la perturbó, se sentía más vulnerable en aquella oscuridad que en todos los miedos experimentados en su vida pero… un recuerdo le trajo esperanza, el maíz que nunca faltaba, el gusano que no se escapaba, el amo que esporádicamente llegaba… y la risa de su pollita, sus aleteos en persecución del poder volar, por aquello dijo en eco en aquel atemorizante lugar:
“Al Dios del cielo me entrego, y conmigo mi pollita, dulce como la libertad, el miedo me aprisiona el pecho, pero me libera la esperanza de ser alimentada por algo mayor que la libertad, lo que está fuera de mi control entrego al Dios de mi corazón.” –
Dicho esto cerró los ojos, y se dejó ir.